Un ícono de hormigón

Estas en la catergoria

Publicado en Octubre 20, 2016

Con el objetivo de fomentar la innovación y las disciplinas científicas, es que la Pontificia Universidad Católica construyó en 2013 el Centro de Innovación UC – Anacleto Angelini, una obra del arquitecto ganador del premio Pritzker 2016 y fundador de la oficina Elemental, Alejandro Aravena.
El complejo, que se emplaza en el Campus San Joaquín, tiene una superficie construida de 9.323 m2 y una superficie total de 20.671 metros cuadrados. Cuenta con 11 pisos de altura (45 m), que corresponden a 10 pisos de oficinas y una planta técnica. Además, posee tres niveles de estacionamientos subterráneos. Su imponente diseño con una fuerte impresión de hormigón armado, da cabida a salas de clases, laboratorios e incluso un restaurante, ubicado en el octavo nivel, con una capacidad de hasta 300 personas.

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Desde Elemental informan que la propuesta consistió en diseñar un edificio en el que se pudieran verificar a lo menos cuatro formas de trabajos: una matriz de doble entrada en que por una parte estaba el trabajo formal y el informal, y por otra el trabajo individual y el colectivo. “Además de eso, siempre nos ha parecido que el contacto cara a cara es imbatible cuando se trata de crear conocimiento. Es por eso que multiplicamos en todo el edificio los lugares donde la gente se pueda juntar: desde el hall de los ascensores con una banca para sentarse si uno llega a encontrarse con alguien que tiene algo interesante que compartir, a un atrio central transparente que permite ver lo que los demás están haciendo mientras se circula verticalmente, hasta plazas elevadas en toda la altura del edificio”, detallan.

Arquitectura
La construcción de este edificio respondió a la expectativa del mandante de tener un centro de innovación con un aspecto contemporáneo. Una intención que, de acuerdo a los arquitectos responsables del proyecto, “comúnmente se relacionaría con torres de vidrios que, debido al clima local desértico, ha generado un enorme invernadero en los interiores (…) Tales torres consumen una cantidad de energía en aire acondicionado”. Sin embargo, para evitar ganancias térmicas indeseadas, el equipo de diseño tomó la decisión de colocar la masa del edificio en el perímetro, tener ventanas retranqueadas para prevenir radiación solar directa y permitir que haya ventilación cruzada, lo que resultó pasar de 120 kW/m2 al año (el consumo de una torre de vidrio típica) a 45 kWh/m2 al año. “Es por esto que una fachada así de opaca no solo es eficiente en términos energéticos, sino que ayuda también a atenuar la luz enceguecedora que usualmente obliga a proteger los espacios de trabajo interiores con cortinas y persianas”, afirman desde Elemental.
La razón para rechazar una fachada de vidrio no solo respondía a la responsabilidad profesional de evitar un comportamiento medioambiental extremadamente precario, sino también a una búsqueda por un diseño capaz de resistir a lo largo del tiempo. Según Elemental, desde un punto de vista funcional, la mejor manera de combatir la obsolescencia era diseñar el edificio que fuera una infraestructura más que arquitectura. “Desde el punto de vista estilístico, nos pareció que una geometría estricta y una materialidad monolítica era la manera de reemplazar contemporaneidad por atemporalidad”, destacan.

Cálculo estructural
La estructura, aislada sísmicamente, fue diseñada de acuerdo con la norma NCh2745 Of.2003 para la demanda sísmica de la Zona 2 y suelo tipo II. “El diseño estructura de la súper-estructura considera un factor de reducción R = 2, y está controlado por el corte sísmico basal mínimo de la norma NCh433 (5% del peso sísmico). Por otro lado, la sub-estructura se diseñó con R=1 (diseño elástico). Este tipo de diseño garantiza que la estructura completa se mantendrá virtualmente sin daño producto de un sismo severo”, explica Cristopher Gubbins, jefe de proyectos de Sirve S.A.
La estructura principal consiste en una cáscara perimetral de muros y marcos interiores de hormigón armado H40 (resistencia cilíndrica a la compresión no menor a 350 Kg/cm2). En cada piso de la torre principal hay una losa que tiene una gran abertura al centro o atrio. Los muros exteriores de hormigón son de 25 cm de espesor con terminación exterior a la vista. Las vigas estructurales interiores son típicamente de 25 cm a 30 cm de ancho y 60 cm de altura, mientras que las columnas típicas son de 60 x 60 centímetros.
Otra particularidad del diseño estructural son los volados que sobresalen 8 m hacia afuera de la estructura principal en direcciones Poniente (P8° a P11°) y Sur (P2° a P4°). Los muros de hormigón de tres y cuatro pisos de altura que soportan estos volados se diseñaron de acuerdo a la secuencia constructiva. El muro del primer nivel del volado se diseñó para soportar por sí solo la carga producto del segundo piso del volado, simulando la etapa de hormigonado del segundo nivel y despreciando el aporte de las alzaprimas. Luego se diseñó el primer y segundo nivel para soportar colaborativamente la carga muerta de los niveles superiores del volado, nuevamente despreciando el aporte del alzaprimado.3
Otro aspecto, fue el diseño de la estructura bajo él (lo que se denomina la subestructura), que constituyen los niveles de estacionamiento y las fundaciones. Para lo anterior, se montaron muros de 50 cm de espesor en todo el perímetro de los estacionamientos, cuya función es rigidizar la subestructura y distribuir el esfuerzo de corte en todo el ancho.
El proyecto contó con la asesoría de la empresa Sirve S.A. quien desarrolló el diseño y el cálculo estructural. A partir de ello, fue que se implementó un sistema de protección sísmica que consta de 43 aisladores elastoméricos de goma de alto amortiguamiento (12 en la base del tercer subterráneo) y 13 deslizadores friccionales, contabilizando así un total de 56 dispositivos. La gran mayoría de estos se ubica en la base del primer piso para apoyar la torre de 11 plantas, mientras que 9 aisladores se colocaron en la base del tercer subterráneo para darle a continuidad vertical a los ascensores.
Cristhoper Gubbins, cuenta que el sistema de aislamiento fue diseñado para una demanda sísmica un 20% mayor a la demanda usada en la estructura (con R=1), lo que corresponde al Sismo Máximo Posible definido por NCh2745. Se realizaron análisis de tiempo historia usando registros sísmicos compatibles con el espectro de diseño, tomando como base registros reales de aceleración de sismos chilenos obtenidos en condiciones similares a las de este proyecto.
La incorporación del sistema de aislamiento sísmico permitió reducir las deformaciones en la estructura aproximadamente un 75% con respecto al mismo edificio pero en una condición sin aislamiento. De igual manera, se consiguió reducir las aceleraciones en más de 80% y los esfuerzos estructurales debido al sismo en 90% con respecto a la condición sin aislamiento sísmico.
Es el Centro de Innovación UC-Anacleto Angelini, un ícono de hormigón en su máximo esplendor.

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