Columna | Resiliencia, una necesidad para el diseño estructural

Publicado el Noviembre 3, 2017



La seguridad por la vida de las personas resulta una cuestión relevante cuando se experimenta un terremoto severo. Hoy, el objetivo principal de las estructuras es que puedan resistir lo suficiente para asegurar la protección y la posterior evacuación de sus habitantes. Ese ha sido, desde su origen, el foco del diseño estructural de edificios y viviendas. Y, por lo menos en Chile, la ingeniería ha respondido correctamente a esta solicitación.

Ahora bien, cuando la preocupación apunta hacia lo que ocurre pos evento; es decir, qué pasa con la estructura luego del terremoto, la atención se centra en su funcionalidad, en la capacidad operacional de la edificación una vez experimentado el evento.

En términos simples, esta capacidad se le conoce como resiliencia, que se puede definir como esa habilidad de recuperarse de un evento traumático o, dicho de otro modo, de poder recobrar la funcionalidad después de una situación adversa. En el caso del diseño sismo resistente, hablamos de esta capacidad de mantener o recuperar el nivel funcional de una vivienda o una edificación tras un terremoto.

Lo anterior, generalmente está asociado a la existencia o no de cierto tipo de daños. De cierto modo, la norma sísmica siempre ha tenido como filosofía de diseño que en un terremoto de tipo frecuente no debe haber daño; en un terremoto de frecuencia intermedia se aceptan cierto tipo de daños menores, pero reparables y en terremotos severos, extremos, se acepta que el edificio quede con daños importantes incluso con necesidades de demolición a futuro, siempre y cuando no ponga en riesgo la vida de las personas.

Con esta filosofía, lo que hacen gran parte de las normas, es proteger al inmueble de la condición extrema del colapso, para lo cual, se plantean una serie de recomendaciones y requisitos que deben ser aplicados en el proceso de diseño. Siempre, con el objetivo de salvaguardar la integridad de los usuarios. Con todo, cabe cuestionarse si es que esta forma de diseñar implica que automáticamente estamos resolviendo el problema de mantener la funcionalidad en terremotos de tipo intermedio.

Pues bien, lo que está demostrando la experiencia es que justamente no es así. Hasta ahora, toda la investigación que se ha hecho ha resuelto el tema de la seguridad de la vida. Así lo muestran las estadísticas, en el último tiempo, la fatalidad por terremotos y derrumbes ha descendido fuertemente gracias a los avances en el diseño estructural. Una tarea que se ha hecho bien. Sin embargo, el tema aquí tiene que ver con la funcionalidad, con la ocupación inmediata de las viviendas. Con los diseños resilientes, en definitiva. Es decir, con el cómo debemos cambiar estas filosofías de diseño para poder satisfacer esta necesidad de funcionalidad. Y es que no puede ser que personas se queden si un lugar para dormir o trabajar tras un evento severo. Y qué decir de la infraestructura de emergencia como los hospitales, por ejemplo, que deben seguir funcionando pese a la gravedad del evento. Esto significa que la norma debe comenzar a modificarse. Ahí es donde la ingeniería chilena debe prestar mayor atención.

Lo anterior, nos desafía a conjugar el clásico diseño en base a muros que hasta ahora ha entregado rigidez, resistencia y buenos resultados en las estructuras del país, con el concepto de ductilidad que busca disipar la energía y que tan buenos comportamientos ha presentado en las estructura en base a pórticos. La investigación en el mundo y en Chile apunta a ello, a cómo establecer un diseño en base a muros para que, además de brindar rigidez para preservar la funcionalidad, permita un comportamiento dúctil, vale decir que el muro se fisure para disipar esta energía, sin llegar al extremo de su derrumbe. En eso se está trabajando, el conocimiento ha aumentado considerablemente en el último tiempo, pero todavía falta incorporar esa información en las normas y completar la investigación desarrollar un diseño que apunte a los dos objetivos, salvaguardar la vida de las personas y asegurar el funcionamiento posterior de sus inmuebles. Ese es el desafío que tenemos hoy. Esa es la necesidad.

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