Arquitectura-Urbanismo | Hormigón en la cultura vitivinícola

Publicado el Marzo 2, 2017

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Desde la estética, hasta los requerimientos técnicos para el proceso de producción de los vinos, las viñas han evolucionado en la construcción de sus plantas y cavas. Con necesidades específicas para la fermentación de la uva y el posterior almacenamiento de la bebida, estas estructuras han elevado sus estándares de ejecución. Y es ahí donde el hormigón se presenta como solución viable, particularmente en el desarrollo de las bodegas. De acuerdo a Armando Quezada, Presidente de la Comisión de Construcción de la CChC y socio de la Constructora QYB, el hormigón presentaría dos beneficios en este tipo de estructuras: el costo y el control adecuado de la temperatura de las cubas de vino.
“El costo se reflejó cuando ocurrió el terremoto de 2010, mientras que el acero inoxidable no fue capaz de resistir el sismo obligando al cliente a reforzar las estructuras, por el contrario, con el hormigón armado no se presentaron estos daños, ya que están hechos para resistir terremotos, evitando obtener grandes pérdidas en las bodegas”, explica.
En cuanto a la temperatura, tiene que ver con el proceso de fermentación y luego con el almacenaje de los vinos. Ambos procesos deben tener controles de temperatura importantes ya sea enfriando o calentando, dependiendo de la temperatura exterior para la fermentación y la conservación de los vinos.
“En ese sentido, las cubas o los estanques de hormigón armado son mucho más aislantes que el acero inoxidable porque este último es solo una chapa delgada”, puntualiza Quezada.
A continuación el caso de la Bodega Ícono Don Maximiano de Viña Errázuriz y de la Bodega Clos Apalta de la Viña Casa Lapostolle. Bodega Ícono Don Maximiano de Viña Errázuriz Ubicada en la comuna de Panquehue, en la provincia de San Felipe, en la región de Valparaíso, con 2.980 m2 construidos sobre una superficie de 30 mil metros cuadrados y con una capacidad de producción de 347 mil litros, se encuentra la Bodega Ícono Don Maximiano de Viña Errázuriz junto a las antiguas bodegas históricas de Errázuriz construidas en 1870, mostrando, con su arquitectura, la cara contemporánea y de excelencia de los vinos de Viña Errázuriz en el siglo XXI. “Por esta razón, frente a la ortogonalidad del conjunto de construcciones históricas existentes, la bodega Icono debía despegarse de esto por lo que se optó por el diseño de una bodega circular, constituida por una sucesión de velas concéntricas de hormigón pigmentado blanco que contrastan en el otro extremo con los muros blancos encalados de la bodega original mostrando la evolución en estos 150 años de la Arquitectura de sus bodegas”, afirma Samuel Claro, arquitecto de la oficina de Claro Arquitectos S.A. Para este proyecto se utilizó hormigón H-25 Cono 12 de espesor cercano a 40 cm variable y pigmentado con dióxido de titanio al 8 por ciento,
“lo que permitió a raíz del espesor de los muros, un muy buen asentamiento del hormigón evitando nidos y fallas en la calidad lo que sumado a la textura más fina aportada por el pigmento dio a los muros un nivel de terminación de excelencia”, destaca Claro.A esto, el arquitecto agrega que la altura de los muros, que en su punto máximo es de 14 metros, “obligó junto a la forma circular de estos a desarrollar un sistema de moldajes metálicos compuestos por dos placas de terciados de 20 mm, la primera atornillada a la estructura y la segunda de primer uso fenólica atornillada por detrás con tirafondos de la primera capa proveniente del moldaje”.
au_01La junta de los cuatro tableros se trató con Compriband blanco más silicona y el ajuste entre tableros que permitieron dar perfectamente la curva de un tablero sobre otro, se ajustó de noche mediante la iluminación de focos dentro de estos para corregir fugas y desplomes. En tanto, el hormigonado se proyectó con bombas utilizando vibradores de alta frecuencia y rematándose la base de cada fase con combos de goma. En cuanto a la forma circular de valas de hormigón, Samuel Claro cuenta que para poder proyectar estas a nivel arquitectónico hubo que hacer varias maquetas y con la ayuda de estas y los programas computacionales se puso dibujar con exactitud todos los ángulos y niveles con que debían manejarse los hormigones en obra, de modo que cada muro se marcó con niveles de posición cada 50 centímetros en el largo, para que el descimbre y terminación de los muros fuera realizado de una vez sin arreglos posteriores.
“Desde el punto de vista arquitectónico la forma de las velas le confería a la Bodega Icono, en relación al entorno histórico del resto de los edificios de la Viña, una posición única y singular que la despega del conjunto como un edificio Icónico, que habla con el movimiento de sus velas, de su condición gravitacional y el flujo vertical de los líquidos que adentro se contienen”, destaca Claro.
También, la bodega Icono cuenta con un sistema de Aerotermia que aprovecha la temperatura de la tierra para enfriar o calentar el recinto. Esto consiste en un ducto de tubos de hormigón prefabricado de un metro de diámetro el que viaja a 3,5 metros de profundidad bajo tierra con una longitud de 170 metros lineales, teniendo la partida más extrema en una caseta montada sobre el terreno donde se ingresa el aire a temperatura ambiente mediante un ventilador industrial, haciendo viajar el aire a un promedio de 3 a 4 metros lineales por segundo por el ducto hasta emerger en los distintos niveles de la bodega. El sistema de Aerotermia instalado, permite además en verano actuar como un sistema de refrigeración durante la noche, aprovechando el aire helado con el objeto de cargar de frío el edificio y disipar de mejor forma el calor creciente que durante el día absorben las fachadas del edificio. Adicionalmente, se instaló bajo el ventanal de la fachada poniente acristalada con vista a los viñedos, una laguna ornamental que ayuda a disipar el calor de la fachada, constituida por cristales termo panel reflectivos LOW–e con una cámara interior inyectada con gas Argón.Bodega Clos Apalta de la Viña Casa Lapostolle La Bodega Clos Apalta de la Viña Casa Lapostolle es una obra de 4.600 m2 ubicado en la ladera de un cerro, de cara a 140 hectáreas de viñedos. La bodega fue diseñada como un gran ovalo, construida en hormigón con muros de 50 cm de espesor. El esquema estructural de subterráneo se basó en dos niveles de vigas postensadas que absorben las cargas, uno a nivel de cubierta y otro en el medio del edificio. El nivel -4 al estar sobre terreno, no necesitó soporte. Estas vigas, por su parte, tienen un espesor de un metro y altura promedio de 1,5 m, ya que cruzan los 20 m de ancho de la elipse. Las vigas de la cubierta sostienen un jardín y una escultura de piedra consistente en un reloj de sol que marca los momentos importantes del ciclo anual de la vid. En tanto, las vigas de la parte central concentran los esfuerzos de gran parte de la estructura, soportando el peso de las barricas del -3 y de las cubas de fermentación, ubicadas en el piso superior. Con el fin de evitar daños en la estructura producto de la presión de la tierra, el edificio incluyó una serie de contrafuertes, muros de hormigón que se proyectan 1,70 m por fuera de la elipse en la parte inferior, disminuyendo su largo hacia arriba. Cada contrafuerte tiene un ancho de 50 cm, similar al del resto de la estructura. La gran cantidad de hormigón y fierro que se utilizó para su construcción generó una importante masa, capaz de soportar la fuerza de presión ejercida por la tierra. Respecto a las fundaciones del proyecto, se desarrollaron en distintos niveles con vigas de fundación escalonadas las cuales variaban respecto el suelo original y la posición de los muros, para así asegurar la estabilidad y nivelación de las estructuras en caso de asentamientos de terreno. La obra está hecha en hormigón visto, pigmentado con dióxido de titanio al 8%, que borra el aura gris y lo emblanquece. Los moldajes, contaban con estructura de acero y doble placa de 19 milímetros. La primera quedaba atornillada a la estructura de soporte del moldaje, mientras que la segunda, de contacto con los hormigones, se atornillaba desde atrás por la contracara, de manera de asegurar una superficie de terminación final libre de marcas de tornillos y fijaciones. El uso de esta doble capa permitía que los muros no tuvieran deformaciones y sus caras quedaran lisas y aplomadas, gracias a la rigidez de las dos placas sumadas. Asimismo, todas las uniones y sellos entre las placas que iban en sentido vertical y horizontal se aseguraron a tope, dejando solo la cantería entre los módulos, cuyas dimensiones alcanzaban los 7,2 m de largo x 2,4 m de alto y 500 kilogramos. El ajuste sobre el plomo y curvatura de los muros era revisado y ajustado de noche con luz artificial para asegurar su concordancia con la curva y plomos de los muros inferiores. Esto, porque la luz advertía con su paso la presencia de fugas o desplomes en las juntas de los moldajes. Los muros tienen un espesor de entre 35 y 40 cm, estructurados en varias y sucesivas tandas de moldaje hacia arriba. Este espesor aseguró un buen asentamiento, distribución y vibrado del material. Es por esto que se tuvo cuidado con que calzara la curva, que no se abrieran los moldajes y que los cortes de las diagonales quedaran perfectos. La curva es muy estructural y los muros se encuentran dilatados entre sí, tienen cierta flexibilidad y son autosoportantes. En el fondo, son velas de hormigón y algunas losas intercaladas con una estructura metálica encima. Los hormigones fueron lijados a mano, suavemente, con lija fina y sellados con QHC (impermeabilizante transparente de fachadas).

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